En el momento más oscuro,
cuando los golpes son más bajos,
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los amigos, ciegos, sordos y mudos,
y las luces se han apagado.
Cuando ya no encontré salida alguna,
enterrada entre las sábanas me hallaba,
crucificada por un orgullo que necesitaba ayuda,
y una voz que siempre callaba.
Me abracé a un vidrio que me hacía compañía,
que mantenía su palabra y me transmitía su calor.
Intentando olvidar y reír de una forma sencilla.
Buscando la tan ansiada autodestrucción.
Ebria de olvido y falsa felicidad,
los grados circulaban por mis venas,
sin sentirme presa de la realidad,
sin estar atrapada entre llantos y penas.
El nombre que recordaba, estaba en una etiqueta,
ni siquiera el mío podría haber pronunciado,
la ética y la moral, en el fondo de la botella,
y en los labios, un mundo con sabor amargo.
Envuelta en vergüenza, la noche llegó a su fin,
el sol de la mañana pudo iluminar mis tropiezos,
resacosa, patética, hundida y sola me sentí,
de entre tanta humillación, afloró un pensamiento:
'Cuando el camino hacia abajo se acaba,
cuando llegas a lo más profundo del abismo,
hay una senda menos, la dirección está clara,
toca recuperarse sin más apoyo que el de uno mismo'
Ahora ya sólo queda aprender la lección y practicarla.
Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
