sábado, 1 de diciembre de 2012

¿El peor año de mi vida? Adivina.

'Todo está mal, todo está mal' se repetía a sí misma mientras se mantenía tumbada e inamovible sobre el frío asfalto. Con las heridas sangrantes, las costuras descosidas, la respiración desigual y las lágrimas desatadas, no podía pensar o decir nada más.

Que fría resultaba aquella carretera, pero, ¿qué importaba si su piel ya no podía sentir placer alguno? Aquel suelo sobre el que acabó extendida y rota fue el final de un viaje hacia abajo, la única meta posible tras la caída del último pilar que la sostenía alejada de aquel infierno...
 
Imagen de: http://pixiecold.deviantart.com
La historia de su desplome era demasiado complicada, habían ocurrido demasiados pequeños gestos desconsiderados, demasiadas arrogancias e ignorancias, demasiadas vueltas del destino desafortunadas, demasiadas coincidencias, demasiados errores, demasiadas pérdidas, demasiadas mentiras, demasiadas verdades, demasiados tropiezos... 

Fue demasiado daño el que, poco a poco, fue oxidando cada una de las columnas, cuerdas, redes e hilos que la mantenían a salvo, haciendo inevitable su final.

Mientras reflexionaba, sus ojos se cerraban, sus músculos se estremecían, las manchas de sangre sobre su piel se extendían, su temperatura bajaba y la pequeña llama de vida que había en su interior, se apagaba lentamente dejando una espesa nube de humo que le impedía llegar a ver el cielo.

Justo ahí, en ese preciso momento en el que la vida se le escapaba de las manos y tenía que elegir entre luchar o rendirse, se paró a pensar. Pues, ¿qué era lo que le quedaba? ¿Qué era lo que podía hacer en ese instante? ¿Qué forma de escapar tenía? Y no vio más salida, que exhalar el que sería su último aliento mientras pronunciaba las que sería su última palabra: adiós.