No puedo creer en un libro sobre la divinidad escrita por hombres de a pie. Hombres hechos de carne y huesos no muy distintos a los míos. Hombres que respiraban el mismo aire que yo y dislumbraban los mismos astros que iluminan mi camino.No puedo tomar como dogma sobre el universo y la realidad, versos escritos con dedos semejantes a los míos, con manos con un pulso tan firme como el que utilizo para escribir estas palabras y con una lírica y una versatilidad no tan diferentes a los cuentos que de pequeña tanto me cautivaban.No puedo creer en un libro que predica el amor, la verdad, la tolerancia, la humildad y el perdón pero después justifica la injusticia, la misoginia, la ignorancia, el odio, la violencia o la soberbia.No puedo llegar a imaginar en qué momento se puede considerar que el hombre, la especie más destructiva y, a nivel ecológico, más despreciable de todas las existentes, sea la obra maestra de un dios benevolente, sabio y omnipotente.
Imagen de: http://pixiecold.deviantart.com No puedo entender que haya un ser protector al que tomar como padre y que, aún teniendo forma humana, sea calificado como perfecto. Y que, acciones que van en contra de la naturaleza, que es posiblemente lo único que se pueda venerar de este existencia, sean consideradas milagros suyos.
No puedo llamar padre a aquel que me abandona a mi suerte pero me amenaza con un castigo eterno si no cumplo sus normas, las cuáles van en contra de mi forma humana y de la idea del perdón que tanto predican sus seguidores.
No alcanzo a imaginar algo más celestial que la armonía existente entre las ramas y las hojas de un árbol o cómo a partir de unas gotas de lluvia nace el fruto de una flor. Ni puedo imaginar paraísos más extraordinarios que un prado en el que el hombre no haya puesto su mano, donde las estrellas no sean ocultadas por sus techos, ni las plantas aplastadas por sus pies.
No puedo venerar el narcisismo humano. Esa fe no está hecha para mí.
Título de la entrada: Así habló Zaratrusta, de Friedrich Nietzsche.
