Sigues un camino paso a paso. Te encuentras diversas dificultades y las vas superando. Piensas en la meta, piensas en el futuro e imaginas las mil cosas maravillosas que habrá allá hacia donde vas.
Pero, poco a poco, te encuentras con piedras en ese camino que amenazan con borrar todas tus ilusiones. Piedras que van conviertendo ese camino en lo que no te esperabas, lleno de misterio, miedo y decepción.
Aún así, decides seguir poniéndole todas tus fuerzas e ilusiones. Tu esperanza nunca muere: saltas las piedras, esquivas los baches, coges atajos, evitas serpientes y sigues adelante, siempre hacia delante.

Tu personalidad se forma con el paso del tiempo, tu forma de ser varía según vas caminando, los sueños cambian de forma. Sigues visualizando la meta. Y un día, después de mucho andar y andar, de tanta lucha sin fin, llegas.
La meta no es lo que esperabas. ¿Qué es eso que sientes? ¿Sientes algo? ¿Falta algo? ¿Es decepción? ¿Indiferencia? Miras hacia atrás, miras al pasado a los ojos, a los ojos de aquella niña que comenzó el camino y te preguntas
"¿Esa niña me odiará por lo que he hecho con su camino lleno de sueños?"