Desde hace cosa de diez años, cada mañana, nada más despertar, tengo que dar un pequeño salto para levantarme de la cama. Podría parecer una forma alegre de empezar el día, y así ha sido en ciertas ocasiones, pero no suele ser el caso.
Imagen de: http://jenniferhealy.deviantart.com/ En realidad, la historia resulta bastante triste. Para lo que algunos empezar mal el día es levantarse con el pie izquierdo, en mi caso, es tropezar y hacerme auténtico daño.Cuando sólo te ha pasado una o dos veces, no le das una mayor importancia, pero con el paso del tiempo y la torpeza innata que poseo, mis tobillos se han visto resentidos en más de una ocasión.Razón por la cual y desde hace ya bastante tiempo, en lugar de saltar sin más, me quedo sentada al borde de la cama pensando, justo antes de deslizarme lentamente para así, salir ilesa.Habrá quien crea que es una forma meticulosa de actuar con el fin de obtener un resultado correcto. Pero lo que en realidad sucede, es que, cada mañana, nada más levantarme tengo miedo, miedo a tropezar, miedo a hacerme daño, miedo a que mi torpeza me supere una vez más.Y lo que resulta más triste aún, es que es lo único que hago durante todo el día.
Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
