martes, 18 de septiembre de 2012

Ser valiente no es sólo cuestión de suerte.

Imágenes de: http://grenomj.com/
La valentía no estaba entre tus virtudes,
lo cierto es que te escondías tras pretextos,
negabas tus sueños con excusas tan comunes
como las mentiras que lanzabas a tu reflejo.

Poco a poco te forjaste una fuerte armadura
el hierro era frío, a tu piel no llegaba ni la luz, ni el viento
un refugio, una huída de la senda de la amargura,
pero ningún yelmo podría protegerte mucho tiempo.

Deja de engañarte, nunca fuiste un caballero,

temías tanto equivocarte que destruiste la esperanza.
No lo llames deber, ni valentía, llámalo miedo.
Pues cualquier valor o ideal, pereció entre las llamas.

Ferozmente te aferras a aquellas tristes excusas.
Quizás así cueste menos conciliar el sueño.
Pero cuando la verdad te llegue, no rehuyas,
nada te librará de aquel temible infierno.

Tenías buenas cartas, pero perdiste la partida
no apostaste por la cautivadora reina de corazones
en lugar de eso, prudente, elegiste el rey de picas
rompiendo la escalera, negando tus ilusiones.

No te convezcas de que hiciste lo correcto, es absurdo,
no intentes culpar al azar, la suerte o el destino,
no fue la fortuna, sino tú decisión la que cambió el rumbo,
así que olvida las excusas, y asume tu castigo.

No, no niegues que la cobardía te robó el juicio

suelta las cadenas que aprisionan tu interior
admite la verdad, acepta que jamás habrá exilio,
No puedes huir del miedo que produjo tu error.
 
En el este, los rayos de sol iluminan tu pesar,
hasta las estrellas afirman que perdiste el norte,
no hay veleta, ni brújula que ahora te pueda guiar.
Pues perdiste la oportunidad de pronunciar su nombre.
Ser valiente no es sólo cuestión de suerte.
Título de la entrada (y frase final): Valiente, de Vetusta Morla.

martes, 11 de septiembre de 2012

Tengo que aprender a vivir sin ti.

Jamás pensé que se pudiese echar tanto de menos a una mascota. Quizás suene a tópico, pero lo cierto es que no podría reducir tu existencia a eso, no, no eras una simple mascota. Eras una gran amiga, acompañándome desde mis siete años y tus cinco meses, hasta mis diecinueve y tus doce.

Siempre estuviste ahí, cuando la ropa me quedaba pequeña y se me caían los dientes, cuando las muñecas me empezaron a aburrir, estuviste ahí cuando me enamoré por primera vez, cuando abandoné la primaria. Estuviste ahí cuando en casa sólo había gritos y dolor, cuando tuve miedo y me tenía que hacer la fuerte, estuviste ahí cuando me tocó madurar por las malas, cuando llegaron abogados y jueces, estabas ahí cuando todo se complicaba. 

Siempre, siempre estabas. Estabas cuando llegaron las risas, las caras nuevas, el amor, la amistad verdadera, cuando todo mejoró estabas a mi lado. Y, cuando mi vida dio un giro de trescientos sesenta grados, cuando todo se perdió y había que reconstruirse, también estabas. Alegrando aquellos días grises con tu simple presencia, mostrándome que no estaba sola, que por mucha gente que apareciese y desapareciese, tú estarías a mi lado incondicionalmente.

¿Cómo olvidar todo aquello? Muchas, muchas personas han pasado por mi vida. Personas que me han hecho feliz, personas que me han querido y que me han abandonado y personas que aún siguen acompañándome en mi camino. Pero lo cierto es, que sin ti, sí que me siento realmente sola.