Aún no encuentro palabras para describir lo que empecé a sentir aquella noche. Podría llamarlo amor, pero sería injusto decir que fue tan dulce. Fueron celos, envidia, irritación y, por supuesto, deseo. A veces tengo miedo, temo que el día a día a su lado no sea más que un sueño del que, tarde o temprano, tendré que despertar. En un mundo tan miserable, su luz era demasiado cegadora. Por mucho que extienda mi mano, aún ahora, algo me dice que jamás llegaré a alcanzarlo.
