miércoles, 26 de octubre de 2011

La mejor mentira jamás contada

Hay diferentes tipos de sonrisas, las de me alegro de verte, las sonrisas de me encantan sus miradas, las sonrisas de es lo más gracioso que he oído hoy, las sonrisas de complicidad, las de apoyo y ánimo, las de superación, las sonrisas inocentes casi imposibles de borrar, y muchas más expresiones que salen de un mismo gesto. Pero hay una en concreto, una sonrisa que hace más daño a la persona que la crea que no al que la recibe, una sonrisa que, sin decir palabras, miente. Una mentira sí, una mentira que todos se creen sin dudar, que pasan por alto, una mentira capaz de dañar al que se la cree cuando descubre su desconocimiento de la realidad.

La sonrisa de la que hablo, es aquella que sirve como disfraz, la que expresa estoy genial, no pasa nada cuando en realidad pide a gritos que la ayuden, que la rescaten, que la escuchen, que la acompañen, que la animen, que la hagan real y verdadera, desenmascarando la mentira que oculta.

Pero es que a veces nos cuesta demasiado ser sinceros, decir la verdad, pedir ayuda por miedo a ser egoístas, a no merecernos esa atención y ayuda que tanto necesitamos, o incluso por miedo a ser rechazados. Y, en otras ocasiones somos tan egocéntricos que, sin pensar en los demás, olvidamos la diferencia entre una sonrisa real y una falsa. Es más fácil aceptar esa sonrisa como una señal de felicidad que cuestionarla y percatarte de su verdadero mensaje.
Just gonna stand there and watch me burn?
But that's alright because I like the way it hurts

Just gonna stand there and hear me cry?
But that's alright because I love the way you lie.

Y mientras las lágrimas caen por su rostro día a día, abrazando su sonrisa falsa, los demás no escuchan su voz cuando anuncia que una sonrisa es la mejor mentira jamás contada