Conocernos fue el resultado,
de un infinito número de fichas de dominó,
que cayeron en nuestras manos.
La necesidad de un cambio de vida,
de recuperar las riendas que el cosmos me quitó,
me llevó a encontrarte en aquella oficina.
Y ¿quién lo diría?
Tan diferentes nuestras formas de ser
Por aquel entonces,
si yo decía A, tú decías B.
Todo parecía jugar en nuestra contra:
desde nuestras diferentes perspectivas,
hasta gustos, intereses, música, estilos y modas.
Pero aún así, teníamos razones para acercarnos,
desde una mirada, un gesto o una sonrisa,
hasta esa maldita forma de abrazarnos.
Qué rabia me dabas,
muchas veces no sabía ni qué hacer,
porque por aquel entonces,
si yo decía A, tú decías B.
Hubo que enfrentarse a la realidad,
porque estaba surgiendo algo en mi interior,
y ponía en peligro mi ética y mi moral.
Tenía tanto miedo al daño que me podías hacer,
a volver a caer, a cometer un grave error,
pero decidí dejar de pensar y confiar en tu piel.
Malditos interrogantes,
¿cómo imaginar que iba a suceder?
Por aquel entonces,
ya no sabía que estaba mal y qué bien.
Las dudas eran absurdas y con el tiempo lo demostraste,
no sólo eso, me enseñaste a confiar, a querer,
y a aceptar que la vida esta llena de contrastes.
Ahora no imagino mi realidad sin tu presencia,
sin tu sonrisa, sin tus gestos, sin tu forma de ser,
y no soporto mi cama en tu ausencia.
Porque con todo lo vivido,
tú has sido lo que más me ha podido sorprender,
Y me encantas porque ahora,
si yo digo A, tú dices P.
Imagen de: http://agnes-cecile.deviantart.com/
Te quiero, amor.
