lunes, 22 de abril de 2013

Unas veces se gana y otras veces se aprende.

Lunes, ocho de la mañana, comienza la parte más costosa del trabajo, comenzamos la semana. Viaje en tren, hoy nos vamos más lejos de lo habitual, risas y chorradas durante el trayecto y, por fin, llegamos a la última parada. Saliendo de la estación, nos adueñamos de las dos aceras de una calle y allí nos esperan nuestros queridos viandantes con sus cosas en la cabeza, con sus prisas y diferentes humores. Toca poner sonrisa en la cara y empezar a preguntar.

Imagen de: http://caterangel.com/
Qué de cosas se ven en un día entero: señoras mayores que acompañan a los nietos en sus carritos, profesoras y enfermeros que se van corriendo a trabajar, el señor que se va a la mutua porque su mujer está enferma, el inmigrante sin papeles que busca trabajo humildemente, los niños simpáticos que juegan con la pelota y los caprichosos que comen sus dulces de la pastelería más cara de la avenida, la chica de origen rumano que trabaja como camarera a jornada parcial, la nigeriana que está aprendiendo castellano y catalán, la dependienta de una librería sencilla y voz tenue que se puede entretener, el monitor de ocio y tiempo libre que te dedica una sonrisa mientras te dice que tiene prisa, la parejita feliz que no es capaz de quitarse las manos de encima y no deja de sonreír, la hermosa mujer con sonrisa apagada porque se acaba de separar, el comercial al que no le salen bien las ventas, el hippie lleno de rastas y colores que monta un puesto de artesanía y desprende una grán alegría hacia todo aquel que se le acerque, el hombre trajeado que pasea cinco galgos con mejor humor que él mismo, la rubia de ojos azules que lleva un carrito doble con dos preciosos bebés gemelos y con sus mismos rasgos, el jubilado que disfruta de su tiempo libre paseando, el estudiante de historia al que le gusta ir bien arreglado con una bonita camisa y cientos de personas más con alguna anécdota que aportar.

Y mientras les veo, les dedico unas palabras con todo mi entusiasmo y energía y mientras mi simpatía sale al exterior y el resto de mi ser se queda encerrado, me pierdo. Sí, me pierdo, dejo de ser yo para ser una anécdota más en sus vidas, pierdo lo que soy y lo que pienso, pierdo mi tiempo y mi esencia, me pierdo a mí misma. No me reconozco, paso medio día fingiendo ser quien no soy, fingiendo ser de una manera que no me es propia y el otro medio, lo paso intentando reposar y descansando, intentando no pensar en nada, intentando no ser.

Creo que va siendo hora de preguntarse por qué y para qué. Va siendo hora de cambiar.