Nada que me recuerde a ti puede ser bueno.
Ni si quiera la colonia que te regalé,
las canciones que cantábamos,
o las películas que, juntos, fuimos a ver.
Nada que me recuerde a ti puede ser bueno.
Ni si quiera las calles que descubrimos,
ni los jardines, ni sus rincones ocultos
ni todo lo que allí, juntos, vivimos.
Imagen de: http://www.heikomueller.
Nada que me recuerde a ti puede ser bueno.
Ni si quiera el sabor de aquellas cenas de día,
las recetas de cuando nos creíamos cocineros,
tus platos preferidos o incluso los que aborrecías.
Nada que me recuerde a ti puede ser bueno.
Ni si quiera los regalos que nos hicimos,
las postales que con tanto cariño nos mandamos,
O las cartas de amor que nos escribimos.
Nada que me recuerde a ti puede ser bueno.
A ti, a tu voz, a tu olor, al tacto de tu piel
A tu boca, a tu nariz, a tus ojos, a tus manos
Nada que me recuerde al niño aquel.
Cuando una herida no termina de cicatrizar,
hay que dejarla que se cure, tiempo al tiempo.
Incluso si esa herida es la creada por la nostalgia,
por eso, nada que me recuerde a ti...
Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
