domingo, 25 de marzo de 2012

Me lo estás poniendo muy difícil.


 Hice un viaje onírico en barco,
navegando por las aguas de mi memoria,
con olas salvajes que llegaban a lo más alto,
de los recuerdos de nuestra historia.

Atravesaba las mareas hasta llegar a puerto.
Visité varios a pesar de las distancias.
Cada uno de ellos, era un reencuentro,
instantes en los que se cruzaban nuestras almas.

Cada puerto era diferente al anterior:
en unos, la amistad estaba al frente de la monarquía,
en otros el gobernante democrático era el amor,
y en los últimos el odio imponía su tiranía.

A pesar de las dificultades, llegar era mi meta.
Vagaba por el océano del tiempo esperando oír "tierra a la vista".
Para encontrarte al final de la senda,
esperándome con, de oreja a oreja, tu sonrisa.

Pero pasó algo que cambió de la noche al día.
Hubo un puerto al que nunca no acudiste.
Imagen de: www.anabagayan.com
Intenté encontrar respuesta en una carta que decía:
"Lo siento capitana, no vendrá nadie a recibirte".

Treinta días estuve esperando en el puerto.
Treinta días esperando una señal.
Treinta días rememorando cada recuerdo.
Treinta días sin recibir una postal..

Hasta que llegó el día de volver al navío.
Olvidándome de cualquier esperanza.
Traicionada por un gran amigo.
Y a vagar a la deriva, condenada.

De tanto repetir el tuyo, mi nombre olvidé
entre los recuerdos de tus caricias, me perdí
de tanto añorar tu voz, el silencio hallé
y, pensando en tus ojos, me rompí.

Y así terminó nuestro relato
yo, perdida en el océano de tu mirada
sin viaje, sin meta, sin besos, ni abrazos
y tú desaparecido en tierras lejanas.

Condenada a hacer viajes oníricos para reencontrarnos
en aquel puerto que nunca llegaste a ver.