domingo, 18 de diciembre de 2011

tonta, masoquista, estúpida, idiota e imbécil

Hay que ser tonta, masoquista, estúpida, idiota e imbécil para tropezar tantísimas veces con la misma puta piedra de los cojones. Pero así soy, me aferro demasiado a ciertas cosas, y cuánto más se acerca la fecha, peor me va. No sé qué me pasa, qué problema tengo, por qué las cosas en ese aspecto siempre me salen mal, no lo entiendo y, es más, me da miedo entenderlo y llegar a saber la verdad.

Quizás sea cierto, quizás me he estado equivocando hasta ahora, quizás el miedo a los cambios me puede, quizás no sea eso y lo que realmente pasa es que no estoy hecha para ciertas cosas, quizás es simplemente que soy una imbécil, quizás, quizás, quizás...

Pero, ¿qué se puede hacer? ¿Tenía Freud razón cuando decía que la felicidad es incompatible con la naturaleza humana? ¿Tienen razón los deterministas y es cierto que no controlamos nuestro presente ni nuestro futuro, que todo está ya escrito? ¿O tenía razón Aristóteles diciendo que la verdadera felicidad se consigue a base de tener buenos hábitos virtuosos y por culpa de tanto mal hábito me cuesta ser feliz? ¿Quizás tengo que ser como Séneca y olvidar la búsqueda del placer y mantenerme indiferente ante él? ¿O son ciertas las canciones de amor y realmente hay algo grande llamando a una puerta que debo abrir? Dios! Cuánta paranoia, para explicar que hay cosas que no se pueden borrar...

Cuéntame al oído, ¿a qué sabe ese momento? ¿Dónde esperan hoy los días en que aquello era un sueño?
Cuéntame el oído, ¿dónde quedan hoy tus miedos? Si aún guardas sus caricias en la caja del recuerdo.