martes, 9 de octubre de 2012

Standing still

Imagen de: http://pixiecold.deviantart.com
Y mientras él, frío cual vendaval de pleno mes de marzo, se iba arrasando con todo a su paso, causando una tormenta de dolor, ella, más fría aún, se quedó quieta.

Sí, quieta, sorda y muda. Contemplando como todos sus sueños cruzaban esa puerta. Mirando, detenidamente y por última vez, su pelo, su cuello, su piel, sus manos, y su espalda. Dando la última calada a su aliento. Respirando por última vez su olor. Sin escuchar nada más allá de los recuerdos de aquellas palabras que en el pasado le dedicó.

Callada e inmutable. Su orgullo, muy interesado, le aconsejó que no rompiese ese silencio. ¿Para qué decir nada? ¿Para qué decir adiós si cada noche podría volver a verle en su cabeza? ¿Para qué intentar apagar un fuego con una lágrima? ¿Para qué pararse a escuchar esas palabras que llevaría para siempre grabadas en su piel? ¿Para qué?

Era inútil, cada palabra, cada gesto, cada intento por cambiar aquella escena no sería más que una piedra que lanzar contra la muralla que tanto la protegía de su enemigo. Aquel que se marchó llevándose consigo algo más que su cariño. Quemando algo más que su alma. Inundando algo más que su mirada. Partiendo algo más que su corazón.
Entre el 'adiós' y el 'no te vayas' ella eligió el silencio.