Es increíble que hayan pasado casi dos meses y todavía tenga lágrimas que te reclamen. Antes todavía te podía ver, antes creía oírte, pero ahora cuando te llamo ya no respondes.
Ya no me asomo a tus rincones favoritos a ver si estás escondida, ya no dejo un hueco en tu lado preferido de la cama para que vengas, ya no miro dos veces antes de cerrar la puerta del pasillo ni me acerco al sillón cuando vuelvo a casa por la noche, ya no estoy pendiente de si estás cerca para no asustarte cuando cojo la guitarra.
Pero te sigo echando de menos, cuando veo la marca que me dedicaste hace ya muchos años, los cojines/sábanas/mantas/fundas destrozadas por tus uñas o cuando recuerdo nuestras anédotas vividas de cuando eras una bola de pelo con patas bien pequeña y yo una cría protestona y pesada, lo tonta que eras muchas veces y lo exageradamente lista y cabrona que acabarías siendo...
Qué raro se me hará no verte escondida e intentar tranquilizarte este año en San Juan, o no tener que luchar para poder mojarte un poco ahora que llega el calor, no verte tirada en el suelo huyendo de éste y aprovechando el frío que transmiten las baldosas...
Por mucho que intente acostumbrarme es inevitable pensar en ti. Te echo de menos, cabrona.
Título de la entrada: No puedo vivir sin ti, de Los Ronaldos.
Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.