La luz se cuela sutilmente por la persiana,
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es el sol dándote los buenos días.
La brisa acaricia tu piel cada mañana,
y te despiertas con una sonrisa.
Una sonrisa, una razón por la que levantarte.
Una sonrisa, un deseo escondido.
Una sonrisa, un recuerdo imborrable.
Una muestra de que no caerá en el olvido.
No, no olvidarás aquella noche.
Ni como bailaba la luna con las estrellas.
La calle vacía, sin gente ni coches.
Ni oír su sinfonía bajando la escalera.
Y es que recordarás todos y cada uno de sus matices:
el tacto de su piel al cogerte de la mano,
la dulzura con la que se encontraron vuestras narices,
o la sensación de tenerla en tu regazo.
Brindemos por las hermosas palabras dedicadas,
por los paseos infinitos bajo la vista de la luna,
por el lenguaje secreto de las miradas,
por los misterios que la noche oculta.
Que sean los astros tus confidentes,
que sean sus pasos los que guíen tu camino,
que no necesites luz para mirar al frente,
que sea ella la razón para creer en el destino.
Y recuerda: puede que el sol te dé los buenos días,
pero después de dedicarle a ella tus mejores noches,
y aunque a los ojos de los demás, la luz muestre tu alegría,
nadie más que ella conocerá lo que tu sonrisa esconde.
Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
