domingo, 19 de febrero de 2012

R E S A C A

No fue el tequila o el vodka los que entraron en mí, los que me invadieron vena por vena, los que se movían a través de mí bombeados por el corazón. No fueron ellos los que me dieron el gran subidón, la felicidad sincera y sencilla, la sonrisa estúpida, la capacidad para soñar o volar. No fueron ellos los que me incitaron a hacer mil cosas, los que me ayudaron a saltar y tocar las nubes. No fueron ellos el motivo para creer en algo más, para tener esperanza en este mundo lleno de contradicciones. No fueron ellos los que vieron a través de mi cuerpo, ni a los que les mostré mi alma. No fueron ellos a los que les hice mil declaraciones de amor libre y eterno. No fueron ellos por los que quise luchar hasta el final, ni a los que agarré fuerte de la mano en los momentos difíciles. No fue con ellos con los que me fundí en abrazos interminables, en sentimientos imborrables y palabras hermosas. No eran sus miradas ni sus sonrisas las que controlaban el compás de mi pecho. No eran sus dedos los que acariciaban cada rincón de mi ser, ni sus besos los que marcaban mis labios dejando una huella invislbe pero presente.
imagen de: www.laprisamata.es
No era a ellos a los que dedicaba cada uno de mis pensamientos y sueños ni con los que quería compartirlos. No fueron ellos los que me mostraron una puerta a otro mundo donde todo era tan insignificante e inmutable, que era perfecto. No fueron ellos lo que me regalaron melodías de las que entran en tu cabeza para nunca salir. No fueron sus voces las que escuchaba susurrándome al oído. No eran sus respiraciones las que tanta armonía transmitían. No fueron sus aromas los que se pegaban a mí para no abandonarme durante horas. No fueron ellos los que me embriagaron de una manera tan intensa como para crear una adicción. No fue con ellos con los que viví las noches más mágicas o los días más radiantes. Tampoco fueron ellos los que me mostraron leyes de la naturaleza como la de que todo lo que sube, debe bajar o que la perfección sólo es pura imaginación. No fueron ellos los que clavaron sus espinas en cada uno de los poros de mi piel. No eran sus nombres los que bordaban mis lágrimas. No fue a ellos a los que llamé mil veces desde la oscuridad más fría, bajo lluvias torrenciales de decepciones y calles solitarias. No fueron ellos los dueños de mis heridas, ni los responsables de mi caída. No fueron ellos los que me abandonaron sin decir adiós.

En cambio, a ellos fui en busca del consuelo que tanto anhelaba tras tanto sufrimiento, pero la resaca que me has dejado ni el mayor de los remedios podrá calmarla.