"Vergüenza" no hay palabra que mejor exprese como me siento con respecto a las acciones tomadas por el gobierno contra los manifestantes. Vergüenza es lo que siento cuando veo las imágenes del veintisiete de mayo de Plaza Cataluña. Vergüenza es lo que siento cuando sé que la razón de ese desalojo en esas fechas fuese la celebración de un partido de fútbol. Vergüenza es lo que siento al oír las palabras de un parapléjico que necesitó Dios y ayuda para poder salir de entre los mossos d'esquadra y sus armas represivas. Vergüenza es lo que siento al ver las heridas, los moratones, la sangre de la gente que en lugar de pelear y atacar, dejaban flores y se quedaban sentados frente a un ataque del gobierno que "vela por nosotros"
Pero, a pesar de todo, en Plaza Cataluña cada día se celebra una asamblea, se hacen actividades, se oyen discursos, las comisiones trabajan a destajo, los ideales se hacen fuertes día a día y siempre puedes ver gente dispuesta a llenarla.
Orgullo es lo que siento cuando paseo por allí y veo que hay gente dispuesta a seguir luchando. Orgullo es lo que siento al leer las pancartas, las cartulinas, los folios con frases como "La violencia es el miedo a los ideales de los demás" o "la culpa no es del perro, sino del que le saca a pasear". Orgullo es lo que siento cada vez que estoy presente en una asamblea y oigo aquellos discursos, aquellas propuestas, aquellas palabras. Orgullo es lo que siento al saber, que por muy negra que se ponga la situación, siempre hay gente luchando por darle color.
Me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
